martes, 29 de abril de 2014

¿Temblará la tierra en La Habana? (+ Infografía)


De niña miraba los desfiles del primero de mayo en la Plaza de la Revolución de La Habana y los imaginaba lejos, posibles solo en la televisión. En esa época, participaba en los actos de mi terruño natal, en los desfiles municipales y en algún que otro provincial, ya a la altura de la enseñanza preuniversitaria.  Siempre veía con entusiasmo eso de hacer carteles, pancartas, construir banderas, reunirnos en un lugar y caminar junto a mucha gente de todas las procedencias y edades para gritar al mundo la alegría de ser cubanos.

Al iniciar mis estudios en la Universidad de La Habana comencé a ver el primero de mayo como algo realmente especial. No hacían falta grandes cosas para estar motivados para ir a la Plaza y recibir las primeras horas de este día en la Escalinata universitaria, junto a miles de jóvenes de toda la capital; era una fiesta que acogíamos con dinamismo.

 Bailábamos, cantábamos, compartíamos alimentos y en la madrugada salíamos todos a la Plaza, a recibir los rayos del sol y con ellos, la multitud que se sumaba desde todas partes de la ciudad y más allá, desde muchos países del mundo.

Allí tuve frente a mí varias veces a Fidel, saludando, hablando, compartiendo, alertando, riendo. También estuvieron mandatarios latinoamericanos,  escritores, intelectuales, luchadores políticos y sociales que nos enseñaron a reconocer lo que teníamos y nos hablaron de lo que ese día pasaba en el resto del mundo, más allá de lo que mostraban los tradicionales medios de comunicación.

Desde entonces he ido a la Plaza cada Primero de Mayo, con familiares, amigos, colegas, a veces también en funciones de trabajo, pero siempre siento la misma energía, eso de saber que son muchas las razones que motivan a los cubanos a celebrar este día.

Para algunos asistir a las plazas de todo el país, construir pancartas, organizarse por sectores, centros de trabajo o estudiantiles, o por los propios barrios de residencia, pudiera ser ya algo tradicional. Por eso, durante los días previos de esta jornada, ya se aúnan voluntades y los pueblos, calles y avenidas lucen más hermosos.

Los trabajadores cubanos somos parte de un pueblo unido, seguro del camino que escogió, de un país que se transforma, que avanza, que tiene por delante grandes retos, pero no menos obstáculos. Hace muy poco celebramos nuestro XX Congreso y allí estuvo Raúl, quien también nos ha acompañado durante todos estos años de Revolución y seguramente estará este Primero de mayo en la Plaza.

El presidente cubano escuchó a los sindicalistas asistentes y resumió las principales problemáticas que afectan hoy a nuestros trabajadores: un sistema salarial que no garantiza que el trabajador reciba según su aporte a la sociedad, la desmotivación y apatía ante el trabajo, las indisciplinas laborales, la inexistencia de un enfoque integral en cuanto a política salarial y de estimulación, pensiones aún reducidas e insuficientes para los jubilados, entre otras.

Allí Raúl reiteró que para distribuir riquezas, primero hay que crearlas y para hacerlo tenemos que elevar sostenidamente la eficiencia y la productividad.  Dijo que en la Cuba revolucionaria nadie quedará desamparado y ninguno de los cambios que realicemos podrá jamás atentar contra las conquistas sociales fruto de la Revolución.

Aseguró también que las transformaciones que se generan continuarán basándose en la propiedad de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción y que la empresa estatal es y será la forma principal de la economía nacional, de cuyos resultados dependerá la construcción del socialismo próspero y sostenible al que aspiramos.

Ante retos tan complejos y un escenario internacional tan convulso, resaltó  algunos de los derechos básicos alcanzados por el movimiento sindical cubano en estos años de Revolución, aunque se requiere un papel más activo en la organización y movilización de los trabajadores en interés de la formación de valores laborales, patrióticos y morales, y despojarnos de formalismos, viejas mentalidades, paternalismos, igualitarismos, gratuidades excesivas, subsidios indebidos e inmovilismo ante los problemas que afectan a todos.

En medio de la actualización del modelo económico cubano, la aprobación de los Lineamientos del Partido y la Revolución, los acuerdos de la primera Conferencia Nacional, así como el nuevo Código del Trabajo y demás regulaciones que se ponen en práctica, los trabajadores cubanos hemos sentido que continuamos y continuaremos siendo protagonistas y responsables de la obra que se gesta.

Hace más de 40 años, Fidel nos enseñó que los principales puntos de vistas y las decisiones fundamentales que afectaban la vida de nuestro pueblo, tenían que ser discutidas, esencialmente, con los trabajadores. Esta ha sido una máxima que rige la vida de los cubanos, de los que todos los días forjan un país, una obra, un sueño, un futuro, pero unidos; he ahí una de las principales fortalezas del proyecto social cubano.

Por eso, cuando este Primero de mayo vuelva a recibir en la Plaza de la Revolución de La Habana los primeros rayos del sol, junto a una inmensidad de pueblo, volveré a sentirme orgullosa de ser cubana, pensaré en las millones de personas que en el mundo hoy no pueden celebrarlo y convierten este día en una jornada de lucha por sus derechos.

Recordaré las enseñanzas de hombres como Lázaro Peña o Jesús Menéndez, retomaré el concepto que un día como este, hace ya algunos años, Fidel nos legó al hablar de  “Revolución”,  pensaré en los hermanos presos en Estados Unidos por combatir el terrorismo, en el legado y la sonrisa del eterno Comandante Hugo Chávez, reclamaré la paz para su pueblo y para el mundo, saludaré a Raúl y nuestros principales dirigentes y desfilaré junto a los miles que, nuevamente, con optimismo y compromiso, haremos temblar la tierra, ¡de alegría!

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