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Compañía Ópera
de la Calle en
la inauguración
del XIII
Festival de
Teatro de La
Habana
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Una vez más la noticia
se expande como pólvora
en Internet, los
titulares varían, pero,
en esencia, todos dicen
lo mismo: “Cuba cierra
Ópera de la Calle”. Y, a
pesar de que poco
después el
Consejo
Nacional de Artes
Escénicas (CNAE) lo
desmiente, nadie, o casi
nadie, se toma el
trabajo de verificarlo.
Ópera de la Calle es un
proyecto comunitario
creado por el barítono
Ulises Aquino hace
aproximadamente siete
años. En aquel momento,
su misión principal
parecía casi imposible:
acercar el canto lírico
a la gente común. La
estrategia de Aquino y
su grupo fue brillante,
pues trascendieron
aquellos espacios donde
tradicionalmente se
interpreta este género y
se fueron a cantar a las
calles, sin tanta
etiqueta, protocolo o
formalismo; solo la
ciudad y sus voces.
Gisela González,
presidenta del Consejo
Nacional de Artes
Escénicas (CNAE),
asegura que tal
propósito siempre les
pareció sumamente
valioso: “Desde el
principio nos interesó
la idea de llevar por
los barrios el canto
lírico en las voces
hermosísimas de nuestros
jóvenes y hacer de eso
un espectáculo. Se
trataba de buscar nuevos
públicos, de acortar la
distancia entre la gente
y un género que se
considera bastante
elitista”.
Compañía Ópera
de la Calle en
la inauguración
del XIII
Festival de
Teatro de La
Habana
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De ahí que el CNAE
apoyara el proyecto
cuando no era más que
eso, un proyecto
artístico, cuya
subvención, en un primer
momento, se aprobó
durante seis meses:
“Luego, como vimos que
tenía resultados cuando
se presentaba en los
parques y las esquinas,
pues lo seguimos
ampliando y a medida que
ellos nos iban
planteando nuevas
necesidades nosotros
tratábamos de
apoyarlos”.
Fue así, poco a poco,
que se le incorporó una
orquesta de
acompañamiento, un
cuerpo de baile y nuevos
cantantes, hasta
alcanzar el número de
integrantes que tiene
hoy día: cerca de 80,
entre artistas y
técnicos. Pero un poco
antes, en el 2007, y
atendiendo a su éxito en
el trabajo comunitario,
el proyecto se convierte
en una compañía, con
Ulises Aquino como
director general.
“El nombramiento de
director general
—explica González—
implica que a partir de
ese momento no es solo
director artístico, sino
que también desempeña
una gestión cultural.
Por otra parte, Aquino
asume una
responsabilidad legal
sin llegar a ser una
figura jurídica, pues la
figura jurídica es el
Centro de Teatro de La
Habana, que se subordina
al CNAE y es la
institución que lo
representa y le permite
hacer sus
representaciones con un
respaldo legal. Esto,
además del subsidio de
los salarios, también
posibilita otras formas
de pago, como trabajar
con otras agencias de la
cultura como Clave
Cubana o RTV Comercial,
mediante las cuales se
gestionan contratos
tanto en divisas como en
moneda nacional”
El Centro de Teatro
llegó además a un
acuerdo con el Centro de
Cine para que Ópera de
la Calle pudiese ensayar
en el cine Arenal y
ofreciera sus conciertos
en el portal del mismo.
Más tarde, cuando este
espacio entra en
reparación, Ulises
Aquino gestiona con el
Gobierno Municipal de
Playa un nuevo local de
ensayos, que es lo que
luego se conocería como
El Cabildo.
El espacio fue reparado,
en su mayor parte, con
los recursos de los
propios artistas
buscando mejores
condiciones de
presentación y se abre
al público el 28 de
abril de 2011. Meses
después, Aquino
obtendría una
autorización para abrir,
en el mismo lugar, un
restaurante por cuenta
propia, o sea, una
“paladar”.
Sin embargo, el CNAE
nunca dejó de
subvencionar el
proyecto. De hecho, solo
en gastos de salario, de
233 mil pesos en moneda
nacional que había
destinado en el 2005, el
monto ascendió hasta
unos 411 mil en el 2011
y unos 224 mil hasta
junio del presente año.
Por eso, cuando se le
retiró la licencia a
dicha paladar a finales
del mes de julio, por
varias irregularidades
en su gestión, a Gisela
González le sorprendió
bastante leer en muchos
titulares que el
proyecto cultural Ópera
de la Calle había sido
clausurado:
“Nosotros en ningún
momento hemos cerrado
Ópera de la Calle, es un
error de la prensa
extranjera. El proyecto
cultural no ha sido
cerrado, ni se ha
tocado, ni se va a
dañar, porque nosotros
lo protegemos, pues
tiene un objeto social
que cumple
adecuadamente. Ulises
siempre ha sabido que
nosotros no lo vamos a
abandonar”.
El propio Aquino
reconoce que el CNAE
siempre ha actuado en
defensa de su proyecto,
pues se trata de un
hecho cultural inmenso
en el que ambos han
participado juntos, y el
Consejo siempre ha sido
muy receptivo con todas
sus necesidades:
“A pesar de que el
nacimiento de la
Compañía ocurre en los
peores momentos
económicos del país,
nunca nos dieron la
espalda ni el Consejo ni
el Centro de Teatro, por
lo cual les estaremos
agradecidos siempre
todos los integrantes de
la Compañía. Aunque es
importante reconocer que
El Cabildo, es también
la Ópera de la Calle, se
construyó con esos
resultados, se buscó una
opción para mejorar
nuestros ingresos …”
Por su parte, Gisela
González asegura que en
Cuba ningún proyecto
cultural con un valor
artístico como el de
Ópera de la Calle se
cierra, sin siquiera
consultarlo con el
artista. Si bien muchos
proyectos desaparecen
por causas naturales —ya
sea porque la calidad no
es la misma o porque ya
no se sostiene—, este
evidentemente no es el
caso.
“Titulares como: “Cuba
cierra Ópera de la Calle
por ‘enriquecimiento’,
son una barbaridad,
porque lo que se cerró
fue la paladar, no el
proyecto comunitario. El
lugar no ha cerrado, los
ensayos de Ópera de la
Calle se mantienen, la
programación sigue
funcionando, así como
otros proyectos
culturales que trabajan
los fines de semana para
los niños, otros coros,
artistas y cantantes”,
explica.
Algo que también le
llamó la atención fue
que, en esa misma nota,
se hablaba de 130
familias cubanas que se
quedaban sin sustento:
“A los cerca de 80
trabajadores que
pertenecen a la cultura,
mientras sea válido el
proyecto artístico, no
les va a faltar el
subsidio estatal porque
nosotros no los vamos a
cerrar. Ninguno ha
perdido el salario”.
“Tenemos muchos
proyectos que no tienen
subsidio estatal
—agrega—, como los que
están representados por
la Agencia ACTUAR, la
Agencia CARICATO, por el
Centro Promotor del
Humor y existen por
formas comerciales
legales a través de las
instituciones. Este
particularmente, tiene
subsidios, por el
interés cultural que le
vimos al proyecto. Quizá
en algún momento se
pueda evaluar que debido
al gran mercado que
tiene, ya no necesite
subsidio estatal; pero
aún no estamos en ese
punto, porque
desarrollar un proyecto
de esta naturaleza es
bastante costoso. Por
eso nos parece bien que
tenga diversas formas de
ingresos, pero siempre
que sean legales. En
Cuba se están haciendo
muchas transformaciones,
todas dentro de la ley”.
Ulises Aquino, en
cambio, prefiere ignorar
la infinidad de
hipótesis y
especulaciones —muchas
veces contradictorias—
que se han tejido en
torno a este asunto:
“Con respecto a los
medios de prensa, me han
contado lo que dicen
pero yo no puedo
leerlos, algunos me
traen copias. A mí no me
importa tanto lo que
digan allá, porque yo ni
vivo allá, a mí lo que
más me importa es cómo
se escucha o se
interpreta aquí, a pesar
de que por mi carrera
personal como artista
internacional no puedo
evadir la prensa porque
es parte de mi deber
profesional. Algunos
comentarios dicen que
soy millonario y que
tengo casa en Cancún,
otros me dicen
comunista, oportunista,
otros me invitan a
invertir allá, como si
yo pudiera, sin darse
cuenta de que El Cabildo
lo construimos para que
nuestro grupo pudiera
vivir mejor aquí, y no
tuvieran que pensar que
el único camino para
cubrir sus necesidades
tendría que ser allá,
también ha tenido un
gran saldo positivo, y
ha sido el respaldo de
infinidad de artistas e
intelectuales a nuestra
obra y a la Opera de la
Calle, con los que
siempre estaremos en
deuda, ya que la
Compañía se ha
convertido en un hecho
que forma parte de la
vida espiritual de los
cubanos de hoy”.
Para la Presidenta del
CNAE, el razonamiento es
bastante sencillo: la
Ópera de la Calle
seguirá funcionando
porque cuenta con
subsidios y otras formas
de ingreso, que existían
incluso antes de que se
creara la paladar. A fin
de cuentas, la política
de flexibilizar el
trabajo por cuenta
propia comenzó
recientemente y el
proyecto ya tiene más de
seis años. O sea, aunque
se trató de mezclar
ambas esferas, en
realidad, no son lo
mismo.
Una cosa es el trabajo
por cuenta propia en el
restaurante y otra, muy
distinta, la labor
artística de la
Compañía, cuyos
resultados se defienden
por sí mismos. La
segunda responde al CNAE;
la primera, en cambio,
es regulada por las
Direcciones Municipales
de Trabajo. Allí se
otorga las
autorizaciones para
ejercer el trabajo por
cuenta propia a las
personas que lo
soliciten y, de ser
necesario, estas mismas
Direcciones tienen la
facultad para
retirarlas, en caso de
irregularidades.
En
la inauguración
del XIII
Festival de
Teatro de La
Habana
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Isabel Hamze, directora
Provincial de Trabajo y
Seguridad Social en La
Habana, explica que se
retiró la licencia de
elaborador-vendedor de
alimentos con servicios
gastronómicos porque la
Directora Municipal de
Trabajo y Seguridad
Social del Municipio
Playa, Julia Argüelles,
fue informada por la
Dirección de Integral de
Supervisión de que
existían varias
irregularidades en El
Cabildo.
“Por ejemplo —asegura—,
había trabajadores
ejerciendo en la paladar
sin estar contratados
por el titular ni tener
licencia de trabajo por
cuenta propia. Todos los
trabajadores por cuenta
propia pueden contratar
a los trabajadores que
quieran, pero estos
tienen que obtener una
licencia de trabajador
contratado. En el caso
de los trabajadores que
estaban allí, los
inspectores comprobaron
que solo uno de ellos
tenía autorización, en
un restaurante donde
trabajaban cocineros,
ayudantes de cocina,
gastronómicos,
cantineros, todos sin
autorización. Además,
cuando los trabajadores
contratados son más de
cinco, hay que
contribuir al fisco, de
lo contrario se está
evadiendo el impuesto
que corresponde.
“También hubo
irregularidades con el
contrato de
arrendamiento de un
local estatal, que es el
espacio que se utiliza;
ese contrato no está
firmado. Los
trabajadores por cuenta
propia pueden ejercer en
su casa, en un espacio
arrendado por una
persona natural o en uno
arrendado por una
entidad estatal.
Supuestamente ese local
está arrendado, pero no
existe un contrato de
arrendamiento. Cuando el
estado arrenda un
espacio, cobra por ese
arrendamiento; en este
caso, ese contrato no
está formalmente hecho”
Hamze asegura que en La
Habana actualmente
laboran 106 mil
trabajadores por cuenta
propia, y más de cinco
mil lo hacen en espacios
arrendados por el
Estado. Existen, además,
382 paladares y desde
octubre de 2010 solo se
les ha retirado la
licencia a cuatro.
Incluso existen
restaurantes donde se
hacen reservaciones
desde el extranjero. Uno
puede encontrar desde
sitios muy elegantes y
caros, hasta modestas
fondas. O sea, la
flexibilización ha
permitido muchas
iniciativas, pero
siempre siguiendo las
regulaciones.
Ópera de la Calle es un
proyecto que, igual que
hizo con los teatros
tradicionales,
trasciende cualquier
situación coyuntural.
Porque, en palabras del
propio Aquino, “brinda a
todo el mundo, incluidas
las comunidades, el
resultado de un análisis
inteligente y de lo que
debe ser el género
lírico de hoy, a partir,
claro está, de nuestras
condiciones y
particulares
circunstancias que no se
limitan a la
grandiosidad de los
recursos y medios, y si
a lo grandioso que
puede surgir de un nuevo
artista, de un creador
en su medio, el que le
tocó vivir. Su
fundamento principal es
demostrar que sobrevive
el buen quehacer
artístico aun en las
peores situaciones
materiales, y que se
constituye en parte de
una cultura abierta a
todas las demás, y marca
una forma de hacer
heterodoxa sobre la base
de un artista más
completo, mejor formado
y apto para actuar en
todos los escenarios.
Sin obviar nunca que la
cultura es un quehacer
que se sustenta a la par
de la imaginación y la
creatividad del
espíritu, con la
rentabilidad de sus
resultados. La cultura
tiene un valor
intangible, espiritual,
pero a la vez tiene
enormes retornos
indirectos, y a la vez
también tiene un valor
contable”.
Precisamente por esto,
por sus resultados, por
el prestigio de esta
institución de la
cultura que ha logrado
acercar el canto lírico
a la gente común, es que
la presidenta del CNAE,
Gisela González, está
segura de que el
proyecto seguirá
existiendo: “Sobre todo
con los artistas que
tenemos, que son
tenaces, tienen valores
y creen en lo que hacen,
eso es lo más
importante”.
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