Cuba y mi pequeño hijo son la imagen más bella del futuro. A ellos dedico cada minuto de mi vida. Por ellos, más allá de los anhelos y utopías, nacen estos apuntes que se alzan como alas para dar paso a mi realidad
viernes, 9 de noviembre de 2012
Desde Japón pero... soy Cubano (Foto)
Un amigo de la infancia y la adolescencia con el cual no contactaba desde hacía años, coincidió conmigo en las redes, una de estas madrugadas en las que intentaba atrapar el sueño, mientras me actualizaba del acontecer mundial y conversaba con otros colegas de la prensa cubana.
Así atrapé a Ruslan, nos saludamos y con la alegría de reconocernos después de tanto tiempo, fue inevitable recordar anécdotas comunes, contarnos historias de los últimos años y un resumen de lo que ha sido nuestras vidas desde que no nos veíamos.
Entonces descubrí que vive en Japón, que hace algún tiempo se casó con una joven nipona y que como todo cubano, extraña mucho su familia, sus andanzas por nuestro pueblo de origen en Pinar del Río y las travesuras en calles habaneras, los amigos de siempre, los bailes aprendidos y otros improvisados. Mucho más serio, maduro, responsable, habla del trabajo y de los planes futuro, de la añoranza por sus padres, amigos y hermanos, por el casino, el ron... y del deseo de ser padre, con una pasión muy linda.
Y en medio de cada palabra, de las muchas veces que ya, sin pretenderlo, nos hemos reencontrado para charlar - casi siempre de madrugada por la diferencia de horarios - se erige un cubano natural, modesto, orgullo de llevar sangre latina, caribeña, isleña.
Hace unos días me contó que transita en su auto por las calles de las grandes urbes japonesas enarbolando en el timón una banderita cubana y la exhibe a todos con la cabeza muy en alto. Por eso hoy, al amanecer, no me asombra, pero a la misma vez me alegra encontrar en su muro de Facebook una foto, que pudiera ser la de muchos cubanos que hoy están en el mundo. Pero más que todo, refleja el sentir de un sentimiento mucho más grande que el amor por uno mismo, el amor y el orgullo de ser cubano, aunque se esté en Japón, en Dinamarca o en Groenlandia. Como él mismo dice: "Desde Japón pero...Soy Cubano"
Así atrapé a Ruslan, nos saludamos y con la alegría de reconocernos después de tanto tiempo, fue inevitable recordar anécdotas comunes, contarnos historias de los últimos años y un resumen de lo que ha sido nuestras vidas desde que no nos veíamos.
Entonces descubrí que vive en Japón, que hace algún tiempo se casó con una joven nipona y que como todo cubano, extraña mucho su familia, sus andanzas por nuestro pueblo de origen en Pinar del Río y las travesuras en calles habaneras, los amigos de siempre, los bailes aprendidos y otros improvisados. Mucho más serio, maduro, responsable, habla del trabajo y de los planes futuro, de la añoranza por sus padres, amigos y hermanos, por el casino, el ron... y del deseo de ser padre, con una pasión muy linda.
Y en medio de cada palabra, de las muchas veces que ya, sin pretenderlo, nos hemos reencontrado para charlar - casi siempre de madrugada por la diferencia de horarios - se erige un cubano natural, modesto, orgullo de llevar sangre latina, caribeña, isleña.
Hace unos días me contó que transita en su auto por las calles de las grandes urbes japonesas enarbolando en el timón una banderita cubana y la exhibe a todos con la cabeza muy en alto. Por eso hoy, al amanecer, no me asombra, pero a la misma vez me alegra encontrar en su muro de Facebook una foto, que pudiera ser la de muchos cubanos que hoy están en el mundo. Pero más que todo, refleja el sentir de un sentimiento mucho más grande que el amor por uno mismo, el amor y el orgullo de ser cubano, aunque se esté en Japón, en Dinamarca o en Groenlandia. Como él mismo dice: "Desde Japón pero...Soy Cubano"
miércoles, 7 de noviembre de 2012
En Estados Unidos: ¿cómo se elige un presidente?
Aunque el mundo entero estuvo expectante en las últimas 24 horas a los resultados electorales en Estados Unidos, la mayoría de los que habitamos este planeta desconocemos cómo funciona el sistema electoral norteamericano. Incluso, los propios electores de ese país no saben siquiera por qué y qué camino toma su acto de votación.
Pues mire, el Sistema Electoral de Estados Unidos es indirecto, las elecciones presidenciales se realizan a través de Colegios Electorales. Esto quiere decir, que al igual que Cuba y otros países del orbe, no se elige al presidente de forma directa. Así lo explicó la cadena Multinacional TeleSur:
Pues mire, el Sistema Electoral de Estados Unidos es indirecto, las elecciones presidenciales se realizan a través de Colegios Electorales. Esto quiere decir, que al igual que Cuba y otros países del orbe, no se elige al presidente de forma directa. Así lo explicó la cadena Multinacional TeleSur:
martes, 6 de noviembre de 2012
Puerto Rico: Un nuevo camino se elige, y...
El mundo entero observa hoy, expectante, la jornada electoral en Estados Unidos. Medios de prensa informan que transcurre con tranquilidad más allá de los vaticinios negativos posterior al paso del huracán Sandy por ese país y los desastres causados desde el punto de vista material y humano.
Muchas son las especulaciones y pronósticos que se han hecho en los últimos días sobre los posibles resultados, pues la balanza se ha movido hacia uno y otro lado de forma casi constante. Las últimas encuestas mundiales daban a los principales contrincantes casi empatados, aunque con ciertas inclinación para el actual mandatario Barack Obama.
Pero más allá de las fronteras norteamericanas - como parte del mismo proceso- los puertorriqueños viven hoy un día histórico, ante la posibilidad de elegir sus gobernadores y otras autoridades locales, pero más que eso, pronunciarse en un plebiscito no vinculante para decidir sobre el estatus de la isla que quieren para sí. Al menos eso se dice.
Analistas políticos y especialistas opinan que ante la crisis económica que vive esa nación hermana, con estas elecciones se pregunta a los puertorriqueños si prefieren seguir siendo un estado vinculante - más bien una colonia norteamericana-, si desean formar parte de la Unión como un Estado más; es decir, anexarse al gran imperio, o si se deciden por la independencia absoluta.
Lo cierto es que para muchos este es solo rejuego electoral más en el que no importará lo que decidan los puertorriqueños en las urnas, si no lo que salga a la luz pública, muchas veces mediatizada por intereses mayores que mueven el sistema desde arriba.
Históricamente, Puerto Rico ha sido un país batallador, sus hijos le profesan un gran amor y en todas las esferas de la sociedad se han sufrido los avatares de ser la única colonia imperial en el continente americano que aún llega hasta nuestros días. Académicos, artistas e intelectuales, luchadores por la independencia y el antimperialismo han ofrendado gran parte de sus vidas para desafiar su estatus y cambiar, al menos en términos de soberanía, el estado imperante.
Inmersos hoy en deudas millonarias internacionales, con una corrupción y delincuencia que también mella la tranquilidad ciudadana y espiritual de ese pueblo batallador, sus hijos gritan al mundo sus deseos de ser libres, más allá de los que se benefician de forma personal y durante años se han enriquecido a costa de la dignidad y el trabajo de otros.
Pero lo más complejo será entonces, al final del día, que la verdadera voz del pueblo se escuche y se eleve el poder de la palabra, de la decisión común por el futuro de quienes merecen un nuevo camino, propio y firme para transitar y construir sus destinos sin injerencias e imposiciones ajenas.
Muchas son las especulaciones y pronósticos que se han hecho en los últimos días sobre los posibles resultados, pues la balanza se ha movido hacia uno y otro lado de forma casi constante. Las últimas encuestas mundiales daban a los principales contrincantes casi empatados, aunque con ciertas inclinación para el actual mandatario Barack Obama.
Pero más allá de las fronteras norteamericanas - como parte del mismo proceso- los puertorriqueños viven hoy un día histórico, ante la posibilidad de elegir sus gobernadores y otras autoridades locales, pero más que eso, pronunciarse en un plebiscito no vinculante para decidir sobre el estatus de la isla que quieren para sí. Al menos eso se dice.
Lo cierto es que para muchos este es solo rejuego electoral más en el que no importará lo que decidan los puertorriqueños en las urnas, si no lo que salga a la luz pública, muchas veces mediatizada por intereses mayores que mueven el sistema desde arriba.
Históricamente, Puerto Rico ha sido un país batallador, sus hijos le profesan un gran amor y en todas las esferas de la sociedad se han sufrido los avatares de ser la única colonia imperial en el continente americano que aún llega hasta nuestros días. Académicos, artistas e intelectuales, luchadores por la independencia y el antimperialismo han ofrendado gran parte de sus vidas para desafiar su estatus y cambiar, al menos en términos de soberanía, el estado imperante.
Inmersos hoy en deudas millonarias internacionales, con una corrupción y delincuencia que también mella la tranquilidad ciudadana y espiritual de ese pueblo batallador, sus hijos gritan al mundo sus deseos de ser libres, más allá de los que se benefician de forma personal y durante años se han enriquecido a costa de la dignidad y el trabajo de otros.
Pero lo más complejo será entonces, al final del día, que la verdadera voz del pueblo se escuche y se eleve el poder de la palabra, de la decisión común por el futuro de quienes merecen un nuevo camino, propio y firme para transitar y construir sus destinos sin injerencias e imposiciones ajenas.
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