El Gobierno de Estados Unidos incurrió en flagrante violación de la
Constitución y las leyes para asegurar las injustas condenas a los Cinco
patriotas cubanos que pronto cumplirán 14 años de castigo arbitrario e
ilegal. No fue un hecho aislado sino un empeño sistemático que abarcó
todo el tiempo del proceso contra los Cinco y en el que invirtió muchos
millones de dinero público. Acerca de su duración, las personas
involucradas, el volumen de recursos utilizados y otros aspectos
importantes de esta operación sólo se tiene una información muy parcial.
Comoquiera que esa conducta obligaría a las autoridades - tanto a los
tribunales como al Ejecutivo - a disponer la inmediata liberación de
nuestros compañeros, Washington ha conspirado también para ocultar lo
que hizo, incurriendo en un delito adicional, el del encubrimiento.
Tal es la esencia del Afidávit (Declaración Jurada)
que Martin Garbus, abogado de Gerardo Hernández Nordelo, acaba de
presentar a Joan Lenard, jueza del Distrito Sur de la Florida. Es un
texto que respalda su solicitud anterior en la que demandó la anulación
de la condena de Gerardo o, como alternativa, que la jueza ordene el
descubrimiento de todas las pruebas que el gobierno esconde y le conceda
una audiencia oral.
Aunque hay muchas otras violaciones referidas en el proceso de
apelación - ahora en su última, extraordinaria, etapa - este documento
se concentra en la conjura del Gobierno con los medios locales de Miami
para sancionar de antemano a los acusados y hacer imposible un juicio
justo.
La sustancia de esa conspiración consistió en usar esos medios para
desatar una campaña propagandística de odio y hostilidad sin
precedentes. Emplearon para ello a un numeroso grupo de “periodistas”-
en realidad agentes encubiertos del Gobierno- que publicaron artículos y
comentarios repetidos día y noche hasta producir un auténtico vendaval
desinformativo. Entre el 27 de noviembre de 2000 - día en que empezó el
juicio - y el 8 de junio de 2001 - cuando fueron declarados culpables -
sólo en The Miami Herald y El Nuevo Herald aparecieron 1111 artículos,
un promedio de más de 5 por día. Algo semejante ocurrió con el Diario de
Las Américas saturando completamente la prensa escrita.
Los “periodistas” cobraban de Radio y TV Martí, o sea, del
presupuesto federal norteamericano. Dichos individuos hacían trabajos
adicionales en esos dos medios y los diseminaban en el área de Miami
donde ambas señales anticubanas tenían entonces y tienen todavía hoy
difusión directa, por sí mismas, y son reproducidas además a través de
medios locales (esta es otra violación de la ley norteamericana que
prohíbe la propaganda oficial dentro del territorio estadounidense).
No se trata solamente de Radio y TV Martí y de los diarios impresos.
Los llamados “periodistas” actuaron también en emisoras locales de radio
y televisión, en español y en inglés, y usaron otras publicaciones,
algunas gratuitas, que allá circulan.
Era imposible escapar a esa incesante propaganda en ningún rincón del sur de la Florida.
Pero la acción delictiva de los “periodistas”-y del gobierno que les
pagaba- fue más allá de la propaganda. Durante el juicio la defensa
denunció varias veces que buscaban influir sobre los miembros del jurado
divulgando incluso materiales que la propia jueza había prohibido
presentar, los cuales, obviamente, sólo pudo entregarles la Fiscalía.
Como si fuera poco, los “periodistas” se dedicaron, asimismo, a
hostigar a los testigos y a los jurados. Éstos últimos se quejaron a la
Jueza alegando que sentían temor, que eran perseguidos con cámaras y
micrófonos, algo reconocido, varias veces, por la señora Lenard, quien
pidió al gobierno, evidentemente sin éxito, la ayudase a evitar
situaciones que manchaban la imagen del sistema judicial norteamericano.
(Por ejemplo, Transcripción Oficial del juicio, páginas 22, 23, 111,
112, 625, 14644-14646).
En agosto de 2005 los tres jueces de la Corte de Apelaciones
decidieron unánimemente declarar nulo el juicio de Miami porque se
había realizado bajo lo que ellos describieron como “una tormenta
perfecta de prejuicios y hostilidad” creada precisamente por los medios
locales. Cuando dictaron el histórico fallo los tres jueces no sabían,
no podían saberlo ellos ni nadie, que el responsable de esa “tormenta
perfecta” era la Fiscalía que prevaricó abiertamente incumpliendo su
obligación constitucional de preservar la legalidad y garantizar un
juicio justo.
La primera noticia de la conspiración del Gobierno con sus
“periodistas” pagados surgió un año después, en septiembre de 2006.Desde
entonces el Gobierno ha resistido los esfuerzos de organizaciones de la
sociedad civil norteamericana para que muestre el alcance de esos pagos
y sus contratos en conformidad con la Ley de Libertad de Información
(FOIA). La Fiscalía también se ha opuesto a la demanda incluida en las
apelaciones extraordinarias de nuestros compatriotas y ha amenazado con
recurrir a los “privilegios ejecutivos” y a razones de seguridad
nacional para perpetuar el ocultamiento.
EL caso de los Cinco tiene una extraña relación con la prensa y la
profesión periodística. En Miami los medios fueron un instrumento
decisivo para condenarlos. Fuera de Miami los castigan con el silencio.
La irrefutable denuncia de Martin Garbus plantea un reto a los
profesionales del periodismo. ¿La ocultarán otra vez haciéndose así
cómplices de quienes mancillaron su noble oficio? ¿O tratarán de salvar
la honra de su profesión reclamando que los farsantes sean
desenmascarados y que la verdad y la justicia prevalezcan?
(Tomado de Antiterroristas.cu)
Tanto se ha hablado y escrito en estos días sobre el inicio del curso escolar en Cuba y la alegría desbordante que se respira ante la llegada del mismo, que anoche no podía dejar de pensar en las tantas caras sonrientes y el alboroto que veía en la TV, en las redes y hasta en los niños y jóvenes de mi barrio tras el primer día de clases.
Algunos ya contaban anecdótas curiosas sobre nuevos amigos, maestros, la nueva aula, los libros, las asignaturas y hasta los cambios en lo salones de clases, deportes y recreo. Otros iban corriendo hacia la casa al final de la jornada para terminar de arreglar sus libretas y libros, forrarlos, identificarlos y alistarlos para el otro día.
Este ha sido un día feliz. Y ya en la noche recordé que había muy cerca de mí un gran libro que narraba de forma magistral el inicio de una temporada escolar en un lejano país, en Italia, y muchos años atrás. Se trata de uno de los primeros apuntes que el padre de Enrique, el protagonista y autor del diario que conocemos como Corazón, le dedica a su hijo, mientras le cuenta las emociones y la importancia de llegar a una nuevas etapa escolar, a una escuela y compartir, aprender, vivir nuevas experiencias para la vida.
Historia ficticia o no, Corazón es de esos textos que nunca te abandonan, siempre te guían, te enseñan y acompañan sin importar la edad, el paso del tiempo, las circunstancias de la vida, el lugar donde te encuentres. Es un libro sin fronteras. Por eso lo busqué, lo releí y quise compartir con uds este fragmento, que quizás sin pretenderlo, pudiera expresar también el sentir de un padre cubano por estos días y ser un camino abierto, una reflexión, un consejo útil, una inspiración o más bien, una exhortación para los niños y jóvenes que hoy llegan a nuestras escuelas.
Les dejo entonces para disfrutar y aprender, este capítulo de Corazón:
"La
escuela
Viernes,
28
Sí,
querido Enrique, el estudio te resulta pesado, como dice tu madre; no te veo ir
a la escuela con la resolución y la cara sonriente que yo quisiera. Aún te
haces algo el remolón. Pero mira, piensa un poco en lo vana y despreciable que
sería tu jornada si no fueses a la escuela. Al cabo de una semana pedirías de
rodillas volver a ella, harto de aburrimiento, avergonzado, cansado de tus
juguetes y de no hacer nada provechoso.
Ahora,
Enrique, todos estudian. Piensa en los obreros, que van por la noche a clase,
después de haber trabajado todo el día; en las mujeres, en las muchachas del
pueblo, que acuden a la escuela los domingos, tras una semana de fatigas; en
los soldados, que echan mano de libros y cuadernos cuando regresan, rendidos,
de sus ejercicios y de las maniobras; piensa en los niños mudos y ciegos que,
sin embargo, también estudian; y hasta en los presos, que asimismo aprenden a
leer y escribir.
Cuando
salgas por las mañanas de tu casa, piensa que en tu misma ciudad y en ese
preciso momento van como tú otros treinta mil chicos a encerrarse por espacio
de tres horas en una habitación para aprender y ser un día hombres de provecho.
Pero
¡qué más! Piensa en los innumerables niños que a todas horas acuden a la
escuela en todos los países; contémplalos con la imaginación yendo por las
tranquilas y solitarias callejuelas aldeanas, por las concurridas calles de la
ciudad, por la orilla de los mares y de los lagos, tanto bajo un sol ardiente
como entre nieblas, embarcados en los países surcados por canales, a caballo
por las extensas planicies, en trineos sobre la nieve, por valles y colinas, a
través de bosques y de torrentes, subiendo y bajando sendas solitarias
montañeras, solos, o por parejas, o en grupos, o en largas filas, todos con los
libros bajo el brazo, vestidos de mil diferentes maneras, hablando en miles de
lenguas. Desde las últimas escuelas de Rusia, casi perdidas entre hielos, hasta
las de Arabia, a la sombra de palmeras, millones de criaturas van a aprender,
en cien diversas formas, las mismas cosas; imagínate ese tan vasto hormiguero
de chicos de los más diversos pueblos, ese inmenso movimiento del que formas
parte, y piensa que si se detuviese, la humanidad volvería a sumirse en la
barbarie. Ese movimiento es progreso, esperanza y gloria del mundo.
Valor,
pues, pequeño soldado de semejante y colosal ejército. Tus armas son los
libros; tu compañía, la clase; toda la tierra, campo de batalla; tu victoria,
nuestra victoria, significará el establecimiento de una paz verdadera, la
comprensión entre todos los hombres, la civilización humana. ¡No seas, hijo
mío, un soldado cobarde!"
Este es un día especial. Lo es en toda Cuba y nada ni nadie puede mostrarse indiferente ante la magnitud de las lindas cosas que lo hacen así: especial, alegre, diferente, prometedor.
Hace ya días que no dejo de pensar en los tantos momentos en que viví con anhelo, entusiasmo e inquietud la ansiedad por el inicio de un nuevo curso escolar. Es verdad que cada día de las vacaciones se disfrutaba y eran a veces necesarias, merecidas, esperadas, pero llegaba el momento en que se hacían interminables y solo pensaba en que llegara el día de regresar nuevamente a la escuela, a mi aula, con mis compañeros, con los libros.
Nunca podía evitar sentirme expectante ante la recogida de los nuevos libros, el arreglo de los uniformes y hasta me pasaba horas probándomelos frente a un espejo y cuando más pequeña, modelaba frente a la familia haciendo alarde de "lo bien que me quedaba", "lo planchadita y reluciente que estaba" y cuál era el mejor peinado para llevar a las escuela, sobre todo el primer día. Me sentía orgullosa, tranquila, segura, feliz.
Confieso que en ese momento no tenía toda la dimensión, el verdadero significado de lo que representaba tener todos los primeros días de septiembre una escuela, un pupitre, un maestro, libros y hasta meriendas y almuerzos, además de entretenimiento seguro y travesuras inevitables que siempre venían acompañadas del regaño cariñoso - y necesario casi siempre- del maestro o maestra. A cambio, solo debía ofrecer interés, disciplina, dedicación, entrega, esfuerzo y hasta alegría, algo sencillo para mí pues siempre fue la escuela, una gran casa que amaba infinitamente.
Creo que en los primeros años de mi vida -círculo infantil, enseñanzas primarias y secundaria- disfruté ser inocente, tener muchos amiguitos, aprender y estar "en todas", como decimos los cubanos. Jugué ajedrez en un equipo hasta competencias provincias, fui miembro de un grupo de teatro, canté en un coro infantil, fui a marchas patrióticas, declamé poesías, participé en competencias de ginmasia musical aerobia y en acampadas campestres y fui dirigente estudiantil.
La enseñanza media y la universidad me exigieron después compromisos mayores, de mayor seriedad y responsabilidad. La vida imponía nuevos caminos y decisiones más complejas pero siempre bienvenidos los nuevos retos, los tropiezos y las enseñanzas. Con todos ellos aprendí a levantar la cabeza y seguir adelante en cualquier escuela o centro de estudios en que estuviera, y me quedó entonces la mejor de todas las lecciones para la vida: a ser digna, modesta, honrada, decidida, un poco atrevida y un enorme afán por superarme cada día.
Imposible evitar entonces, ante la apertura de un nuevo curso escolar, recordar tantas cosas lindas. Siento mucha felicidad de contarlas y me siento reflejada en muchos de los niños y familias que por estos días he visto dedicando gran parte de su tiempo a alistarlo todo para esta nueva cita con el futuro.
Hoy en la mañana, cuando me dirigía al trabajo volví a ver en cada hilera de pequeños con sus padres, en el corretaje de los que casi llegan tarde y en el enorme ajetreo que implica esta fiesta de pueblo, el bienestar, el desarrollo y los cambios que necesita nuestra sociedad, formando hombres nuevos hacedores de historia y de sueños, de realidades y de metas para todos y por todos.